La Pacific Coast Highway no es una ruta para ir de A a B.
Es una ruta para detenerse cuando el paisaje lo pide, aunque no estaba en el plan.
Para doblar en un camino sin nombre y ver qué hay. Para apagar el motor en un mirador y escuchar solo el mar.
Quien la hace con prisa se pierde exactamente lo que la hace única. La única regla real de este viaje es no tener reglas de tiempo.
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La costa californiana que vamos a recorrer es de acantilados que caen a un mar que siempre está activo con olas que rompen sobre las rocas mostrando un panorama realmente impactante, casi dramático.
Es, sin dudas, uno de los espectáculos más atractivos que nos ofrece California y el país entero.







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